JAZMÍN ROBLES
Todos los derechos reservados ©Jazmín Robles
Jazmín Robles es actriz, fotógrafa, dramaturga y directora de teatro. Es egresada de la carrera en Licenciatura en Actuación de la Universidad Nacional de las Artes, en Argentina. Como dramaturga escribió y dirigió la obra "Decir te amo es un atentado" que fue ganadora del Concurso Nuestro teatro del Teatro Nacional Cervantes. Como fotógrafa experimento durante años en la fotografía documental, y estudio en numerosas escuelas y con numerosos maestros.
Actualmente se encuentra desarrollando su proyecto de fotolibro "Lo que deje ir con el río". Como actriz participó en numerosas obras de teatro en Buenos Aires, entre ellas, "El Paraiso Perdido" de Cesar Brie.
El proyecto surge de mi relación con mis hermanos, atravesada por la niñez, la naturaleza y lo salvaje. Nació casi sin darme cuenta, como una necesidad de formar parte de un entorno del cual me sentía ajena, y terminó siendo un espejo de mi propia vulnerabilidad. Mis padres se separaron cuando tenía dos años; cada uno formó una nueva familia, y así aparecieron nueve hermanos. Soy hija única. Soy la mayor. Tengo dos familias. No tengo ninguna. La cámara, que me acompañó desde los siete años, se volvió una forma de mirar y habitar esos vínculos.
Este proyecto es un intento por recuperar la inocencia, por habitar lo que se escapa, y por encontrar, entre el barro y el río, un lugar posible al que permanecer.
1. Jazmín, vienes de un recorrido amplio entre la actuación, la dramaturgia, la dirección teatral y la fotografía. ¿Cómo dialogan estas disciplinas dentro de tu práctica artística?
JR: Creo que todas las disciplinas que transité —la actuación, la dramaturgia, la dirección teatral y la fotografía— se nutren profundamente entre sí. El teatro y la actuación fueron mis grandes maestros: me entrenaron en la sensibilidad, en la escucha y en la verdad de la presencia. Aprendí a observar cuándo alguien está realmente ahí, cuando su esencia está conectada con lo que siente y con lo que está viviendo en ese instante.
Esa misma atención es la que busco trasladar a la fotografía. Me interesa la contemplación del otro y la posibilidad de suspender en una imagen la verdad de un momento: una emoción, un gesto mínimo, una atmósfera. Ya sea frente a una persona, la naturaleza, un animal o un paisaje.
El cine también fue una influencia fundamental desde muy pequeña. Sin darme cuenta, fue moldeando mi forma de mirar: el espacio, el encuadre, el ritmo, la relación entre los cuerpos y su entorno.
Al mismo tiempo, la fotografía ha nutrido mi trabajo escénico. Me enseñó a observar con mayor precisión, a componer desde lo íntimo y a comprender cómo una sola imagen puede contener una narrativa completa. En ambas prácticas me interesa ese territorio ambiguo donde lo real y lo ficcional se cruzan, donde dejamos de representar y aparece algo más honesto y vibrante.
Muchas de mis imágenes nacen también del juego y de la ficción, como una forma de abrirle espacio a la imaginación. Siento que la infancia —al igual que la naturaleza y los animales— habita ese lugar con mayor libertad, sin tantas capas de control. Ese estado de disponibilidad, de presencia y de verdad es el punto donde me interesa trabajar.
“La fotografía ha nutrido mi trabajo escénico. Me enseñó a observar con mayor precisión, a componer desde lo íntimo y a comprender cómo una sola imagen puede contener una narrativa completa. En ambas prácticas me interesa ese territorio ambiguo donde lo real y lo ficcional se cruzan, donde dejamos de representar y aparece algo más honesto y vibrante”
2. En Lo que dejé ir con el río exploras un territorio de memoria, barro y vínculos familiares. ¿Cómo nació este proyecto?
JR: Lo que dejé ir con el río nació de una historia personal. Cuando tenía dos años, mis padres se separaron y cada unx formó una nueva familia. Con el tiempo nacieron más hijxs y, en total, tuve 9 hermanos.
El proyecto surgió de un deseo profundo —al principio inconsciente— de búsqueda: de encontrar un lugar propio, un espacio de pertenencia que pudiera sentir como mío. Esa distancia se transformó en una forma de acercamiento, y la fotografía apareció como el medio para observar, comprender y vincularme con ese entorno.
En ese territorio ambiguo, la fotografía se volvió una herramienta de reconstrucción y de reconciliación con mi propia historia. A través de la cámara pude generar vínculos con mis hermanos y con el paisaje: observarlos y, al mismo tiempo, permitir que se dejen observar. Durante las vacaciones, año tras año, la cámara fue mi aliada, mi refugio y mi forma de estar en el mundo.
Retratar a mi familia fue una experiencia profundamente reveladora. La cercanía y la confianza me permitieron ir más allá de la pose, reconocer cuándo estaban relajados, vulnerables, presentes. Conocer sus miradas, sus gestos y sus silencios me llevó a vincularme con ellxs desde un lugar distinto, más íntimo y verdadero.
3. Hablas de una búsqueda de pertenencia que se mueve entre lo documental y lo ficcional. ¿Qué te interesa de ese límite?
JR: Me interesa ese límite porque es un territorio fértil, inestable, donde las cosas dejan de ser evidentes. Cuando la ficción ingresa en lo real, se abre una posibilidad: lo cotidiano se vuelve permeable a lo onírico, a lo mágico, a la imaginación. No se trata de escapar de la realidad, sino de permitir que aparezcan otras capas de verdad.
En mi trabajo, la ficción funciona como una forma de acceso. A veces fue un refugio, otras un juego, otras una manera de nombrar lo que no encontraba lugar en el lenguaje directo. En ese cruce entre lo documental y lo poético, encuentro maneras más sensibles —y a veces más honestas— de comunicar la emoción, la memoria y el vínculo.
Ese espacio ambiguo me permite construir imágenes donde lo fotografiado no se explica del todo, sino que se siente. Me interesa que la fotografía conserve algo de lo salvaje y de lo inocente, que transmita emoción, que respire la textura del barro y la luz de la inocencia. En ese límite, la imagen deja de registrar y comienza a interpretar, y la pertenencia deja de ser un lugar individual, para convertirse en una experiencia compartida.
4. La naturaleza, la niñez y lo salvaje atraviesan tu narrativa visual. ¿Qué peso tienen estos elementos en tu investigación?
JR: Mi acercamiento a la fotografía nació de la observación de mi entorno, y ese entorno estaba profundamente atravesado por la infancia y por la naturaleza. Aprendí sobre como mirar, sobre cómo fotografiar, observando lo que había a mi alrededor.
Durante muchos veranos los vi crecer en contacto directo con el río, el mar, la tierra, el agua, los animales. En esa experiencia apareció algo ligado a la libertad: cuerpos sin pudor ni prejuicio, libres, desnudos, que juegan, se ensucian y se vinculan con su entorno de manera despojada y sensible. Ese estado de presencia, de inocencia y de apertura se volvió para mí una clave de observación.
La naturaleza apareció entonces como un límite maleable de autoconocimiento, tanto para ellos como para mí. Un espacio de retroalimentación donde el cuerpo, el paisaje y el vínculo se transforman mutuamente.
5. ¿Qué papel juega el río en este universo visual y emocional?
JR: Cuando miro las imágenes, veo algo en común: la búsqueda de la emoción. Me interesa que en las imágenes sucedan cosas y que generen algo en quien las mira, que la emoción y la sensibilidad estén ahí, tangibles y palpables. El agua es como la emoción: puede ser calma, turbulenta, oscura, profunda, mansa o furiosa.
El río funciona como un transmutador, como un recipiente de agua, de cambio, de recuerdo y, a la vez, como algo imposible de retener. El río en su profundidad y en su sabiduría. El agua en su memoria líquida y en su fuerza, que todo lo arrastra.
Después de dejarnos atravesar por el río, el agua y la emoción, ya no somos los mismos.
“Cuando la ficción ingresa en lo real, se abre una posibilidad: lo cotidiano se vuelve permeable a lo onírico, a lo mágico, a la imaginación”
6. ¿Cómo imaginas el fotolibro como forma final del proyecto?.
JR: Me imagino el fotolibro como un libro-objeto, capaz de trascender el papel, intervenido por elementos textuales y sonoros.A lo largo de los años, y de manera paralela al trabajo fotográfico, realicé un registro audiovisual y sonoro que me gustaría integrar a la experiencia del fotolibro.
El libro contará con dos textos ficcionales ubicados al final de la secuencia de imágenes, y con un código QR que conducirá a una experiencia sonora, invitando a una segunda lectura del libro a partir de ese estímulo. Actualmente, también me encuentro trabajando en el desarrollo de una pieza audiovisual documental compuesta por los videos y los sonidos registrados a lo largo de los últimos años.
7. ¿Qué sigue para ti y para Lo que dejé ir con el río?
JR: Me encuentro en un momento de apertura y circulación del proyecto. Actualmente estoy concursando las imágenes, mostrándolas y dándolas a conocer en distintos contextos.
El fotolibro se encuentra en las últimas etapas de edición, con el deseo de que durante el próximo año pueda realizarse la impresión y la venta de ejemplares junto a la editorial argentina Lemon Punk.
A la vez, me interesa comenzar a investigar la posibilidad de una muestra física donde el proyecto pueda expandirse en un espacio común. Me atrae la idea de reunir lo fotográfico, lo audiovisual y lo sonoro, y de integrar herramientas multidisciplinarias para construir una experiencia inmersiva, donde el espacio, el video, el sonido y la imagen generen una atmósfera sensible que dialogue con el universo del proyecto.
Todos los derechos reservados ©Jazmín Robles